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Fili se volvió nuestro amigo en Buenavista, nos cuidó desde ese día que llegamos al ‘Cielo’ con toda nuestra locurilla a cuestas. Con él compartimos exploraciones dentro del monte y pláticas a la orilla de la Laguna. Pláticas sin prisa, en calma, en espejo, generoso en su palabra, así él, puro contarnos historias y curiosear, disfrutando de la compañía y la conversación. Así recuerdo de esa tardecita de lluvia. Fili nos invitó a pasar a su casa junto a su padre y Chiquitita. Sacó unas sillas a la entrada y bajo el techado estuvimos resguardados un buen rato mientras caía el agua y se desprendía la recordación:
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Fi: Trabajé en Cancún en área de jardinería en la zona hotelera, ahí se necesita lo más básico del inglés, pero aún así yo sacaba mi propina sin saber inglés, porque a veces me tocaba lo que es el área de playa en los camastros y trabajaba emparejando, limpiando la arena, moviendo butacas, rastrillando,… Yo veo que un huésped quiere un camastro y ahí voy con señas y le digo “donde quiere que le lleve yo su camastro”, y voy allá con mi franela y empiezo a limpiar el camastro, ahí me dan mi propina y ya, y sale otro y así, y si saca uno una buena propina si…
C: Y como cuánto tiempo estuviste trabajando ahí?
F: Ahí trabajé como un año, después el encargado de jardinería me dijo que le gustaba cómo trabajaba y me ofreció el trabajo de otro que llevaba ahí más tiempo pero que según no le echaba ganas. Pero a mi no me gustó ese plan porqué de hecho con esa persona fuimos a su casa a tomar un día después de la quincena y yo noté que tenía necesidades en su casa, tenía además tres o cuatro hijos y pensé: yo estoy joven y estoy solo, él tiene necesidad y va a pasar más necesidad aún, así que no acepté el trabajo y el jefe de jardineros se molestó conmigo y me dice “Ah Fili no quieres que te ayude, pues vete a la fregada!” y yo le dije: “No es eso… pero es que estás ayudando de una forma que vas a fregar a otro. Si a mí ya me tocó mi baja yo me voy, ni modos”. De ahí luego trabajé en un hotel, creo que se llama Oasis, de ayudante de cocina… Pero a mi en diciembre me gustaba regresar aquí a Buenavista para las fiestas de Guadalupe, pedía permiso pero no me lo daban, pero venía y me quedaba tres días, una semana y ya después regresaba a Cancún a buscar trabajo otra vez. Antes uno llegaba con ganas de trabajar y no había muchos requisitos de papeléo, ahora no, ahora necesita tener uno mucha preparación, mucho estudio y eso…
C: Y al final ya decidiste venir para Buenavista?
F: No, después pasó que entré a trabajar en otro hotel y ahí tardé por diez años de fijo. Entonces lo que me pasó es que tenía un primo, con quien vivía ahí en Cancún, que tenía un terreno y me dice “te vendo la mitad del terreno, no tengo dinero”. Le di el dinero y empecé a comprar material e hice el primer cuarto, una casita… Sí nos llevábamos bien, íbamos siempre juntos, pero de poco a poco empezó a cambiar su carácter y a él le dio como envidia de eso creo. Entonces le dije: “primo si tanto te gusta mi casa aquí te dejo las llaves”, ahí estaba su papá y su mamá, y sí, agarró la llave. Entonces su mamá me acuerdo que dijo muy bien que iba a ver que me pagaran todo eso que hice allá, pues yo le dije: “si me lo pagan bien si no pues también”. Después renté un cuatro por cuatro meses al lado de la casa, pero ya ahí no me hallaba, yo veía diferente, no me sentía bien y… y ya de ahí preferí dejar mi trabajo y venir a Buenavista, pues cómo vinieron ustedes acá también.
I: Sí sentimos el llamado de Buenavista… (sonriéndole a Fili)
F: Yo como les digo, desde chavito yo he trabajado así en el monte, de hecho cuando empecé a ir a Cancún ese trabajo que se hace en los hoteles para mi no era como trabajo, estoy acostumbrado al trabajo mas rudo, no me da trabajo a mi barrer o limpiar o así, entonces ahí se me hizo fácil, aprendí todo, y ya después que llegué otra vez acá hasta calentura me daba ir a chapear y eso, pero al mes o así me adapté otra vez… Después al año o así que estaba yo aquí en Buenavista, me llegó la noticia que se había muerto mi primo… Según se enfermó, y es que él andaba con muchas mujeres, y algo se contagió y listo…
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Buenavista, Santa Cruz Chico al norte y al sur Xtomoc, fueron en sus orígenes zona de hatos, después convertidos en campamentos chicleros y madereros, donde los tumbadores de caoba y cedro se instalaron desde mediados de los cincuenta, hasta convertirse en lo que son hoy en día: el poblado, un resort para cruceros de Mahahual y un campamento del Ejército respectivamente. Fili aún recuerda cuando de chiquito veía bajar los troncos flotando sobre la Laguna desde Pedro Antonio Santos rumbo a Chetumal. Después en algún punto, quién sabe si coincidió cuando ya se acabó el chicle y la madera, toda ese modo de vida se transformó ante el llamado resonante y expansivo del turismo y de la posibilidad de chamba en los hoteles de la Riviera y Cancún. Fili así lo vivió durante 10 años y después regresó a Buenavista, antes de que todo ese boom se desinflará reflejando la imagen actual cada vez más erosionada de inseguridad y desigualdad.
Después de su regreso Fili siguió trabajando en el monte. Chapeando, abriendo brecha, con su picamonte y cantimplora, recorriendo la mensura, haciendo noche en la selva por varios días, o cortando y apilando madera para hacer carbón, a veces con el agua justa, caminando varias leguas, entre chaquiste y nauyaca, orientado con el sol y perdido sin él, despalmando y tumbando, ensanchando caminos con hacha y machete, con sed buscando la aguada en el croar de la rana, con hambre acumulada esperando la comida que iba a traer el capataz.
Fili esa tarde nos compartió todas estas intrahistorias de vida y de monte, abriéndose como veredas desde su memoria a nuestra imaginación, y tal y cómo esos caminos que cuando no se chapéan la selva los borra, con el fin de la lluvia decidimos reservar para otro día el resto de la conversación.

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Y de esta manera se llenaron de alegría, porque habían descubierto una hermosa tierra, llena de deleites, abundante en mazorcas amarillas y mazorcas blancas y abundante también en pataxte y cacao, y en innumerables zapotes, anonas, jocotes, nances, matasanos y miel. […]
A continuación entraron en pláticas acerca de la creación y la formación de nuestra primera madre y padre. De maíz amarillo y de maíz blanco se hizo su carne; de masa de maíz se hicieron los brazos y las piernas del hombre. Únicamente masa de maíz entró en la carne de nuestros padres, los cuatro hombres que fueron creados.
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Popol Vuh. Las antiguas historias del Quiché.
